Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos de la Hermandad

Cada 23 de noviembre, la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Corazón de Jesús tiene establecido orar y conmemorar a Todos los Fieles Difuntos de la Hermandad. Es decir, hace un recuerdo de todos los Sacerdotes Operarios fallecidos en el último año, en este 2017, así como por los difuntos familiares, amigos y bienhechores de la Hermandad.

Siguiendo la estela del Beato Manuel Domingo y Sol que aconsejaba que “la devoción soberana de la Iglesia consiste en las obras de misericordia, y ved cómo todas ellas se practican con la devoción por los difuntos…”, los Sacerdotes Operarios de todo el mundo, especialmente los de la Parroquia Nuestra Señora de la Almudena de Zaragoza, os invitamos a esta plegaria y celebración.

CREADOS PARA LA VIDA

23 difuntos hermandad

Saludo (Ver Rom 8,38-39)

Ni la muerte, ni la vida, nada puede nunca interponerse entre nosotros y el amor de Dios hecho visible en Cristo Jesús, Señor Nuestro. Que Cristo resucitado esté siempre con vosotros.

La muerte de las personas que amamos y el conocimiento de nuestra propia muerte nos recuerda que es la vida y su final es un misterio, con matices también de sufrimiento. Como cristianos, vivimos en fe y esperanza. La fe nos ayuda a soportar la muerte y sabemos de su sentido de regreso a la casa del Padre. Dios nos abandona a su gente, pues somos obra de sus manos. En Cristo tenemos la promesa de Dios de que nosotros resucitaremos también de entre los muertos para la gloria y alegría eternas.

Con esta esperanza ponemos hoy espiritualmente nuestros difuntos en las manos del Dios de vida.

Acto Penitencial

Por su muerte y resurrección, Cristo nos trajo esperanza, vida y alegría. Con la mayor confianza le pedimos perdón por nuestros pecados:

-Señor Jesús, Hijo del Dios vivo: Tú viniste al mundo para compartir nuestras penas y alegrías: R/ Señor, ten piedad de nosotros.

-Cristo Jesús: tú te entregaste a la muerte en la cruz para vencer al pecado y a la muerte en nosotros: R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

-Señor Jesús, tú resucitaste de entre los muertos para ser nuestro camino de vida y alegría infinitas: R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor, y perdona todos nuestros pecados. Ayúdanos a vivir tu vida en la tierra y llévanos a nosotros y a todos los fieles difuntos a la felicidad de la vida eterna.

Oración Colecta

Encomendemos al Señor a todos los fieles difuntos:

Oh Dios de la vida y de los vivos: Creemos que tú eres Dios del auténtico amor. Tu misericordia es más fuerte que la muerte. Tu Hijo Jesucristo, nacido como uno de nosotros, destruyó la muerte para siempre. Te pedimos confiadamente que todos los fieles difuntos vivan en la seguridad de tu amor; que disfruten de paz, tu paz, que con tanta frecuencia se les escapaba en la vida, y danos también a todos nosotros el valor para enfrentar la vida dándole auténtico sentido, viviéndola en unión íntima con tu Hijo Jesús, que vive y reina por los siglos de los siglos.

PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS:

Lectura del libro de las Lamentaciones (3,17-26): Me han arrancado la paz, y ni me acuerdo de la dicha; me digo: «Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor.» Fíjate en mi aflicción y en mi amargura, en la hiel que me envenena; no hago más que pensar en ello y estoy abatido. Pero hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza: que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión: antes bien, se renuevan cada mañana: ¡qué grande es tu fidelidad! El Señor es mi lote, me digo, y espero en él. El Señor es bueno para los que en él esperan y lo buscan; es bueno esperar en silencio la salvación del Señor. / Palabra de Dios.

Salmo 129,1-2.3-4.5-6.7-8

R/. Desde lo hondo a ti grito, Señor.

Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. R/.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón y así infundes respeto. R/.

Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. R/.

Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa. R/.

Y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R/.

Lectura del santo evangelio según san Juan (14,1-6): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.» Tomás le dice: «Señor, no sabemos adonde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.»

Oración de los Fieles

Oremos a nuestro Dios vivo, que nos creó para la vida y la felici- dad. Oremos suplicantes:

R/ Señor de vida, escucha a tu pueblo.

-Por los difuntos de nuestras familias y de nuestra comunidad, por todos los que significaban mucho para nosotros en la vida, para que Dios, que los llamó por su nombre, sea su alegría sin fin. Oremos.

-Por los que tuvieron que sufrir mucho en la vida a causa de la enfermedad, de la injusticia o de la pobreza, para que sus penas se acaben ya ahora, y para que su felicidad no tenga fin. Oremos.

-Por los difuntos que tuvieron que caminar en la vida en triste soledad, porque nadie o muy pocos se cuidaron de ellos, o por- que ellos mismos eran personas con dificultades graves, o porque sus familias les abandonaron; también por aquellos por quienes nadie llora, para que ahora puedan descubrir y gozar la alegría de la amistad de los santos en el cielo. Oremos.

-Oremos por nosotros mismos, para que sepamos ayudarnos y apoyarnos unos a otros en el viaje de la vida, para que juntos compartamos penas y alegrías, vida y muerte. Oremos.

Oh Dios de vida, te damos gracias por la certeza que nos das. Sabemos que todos estamos llamados y destinados a la vida eterna, gracias a tu Hijo Resucitado, Jesucristo. No permitas que se inquiete nuestro corazón, y reúnenos un día con gozo con todos los que hemos conocido y amado. Llévanos a todos hacia ti por medio de aquél que es nuestro camino, Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas

Señor Dios nuestro: Entregamos confiadamente en tus manos nuestra vida y nuestra muerte. Danos el pan de la eucaristía que da vida y el vino de fidelidad a tu Alianza, para que, por su poder, podamos vencer a la muerte y vivir para la vida, y un día nos unamos gozosamente a nuestros seres queridos que partieron antes que nosotros en fe. Te lo pedimos por medio de Jesucristo, Hijo tuyo, y Señor nuestro Resucitado, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Introducción a la Plegaria Eucarística

Demos nuestra alabanza entusiasta al Padre de la vida y de la felicidad, porque nos ha creado para la vida y no nos ha abando- nado a la muerte. Por medio de Jesucristo nuestro Señor Resuci- tado nos ha traído la plenitud de vida.

Líbranos, Señor…

Líbranos, Señor, de todos los males y concede la paz en nuestros días a un mundo que no sabe crear paz por estar frecuentemente involucrado en guerras egoístas. Otorga paz a los difuntos que murieron en la esperanza de vivir en tu eterna felicidad. Líbranos del miedo a la muerte, mientras aguardamos con alegre esperan- za nuestra resurrección y la vida plena de nuestro Señor y Salva- dor, Jesucristo.

Invitación a la Comunión

Éste es Jesucristo, el Señor Glorioso y Resucitado, que dijo: Yo soy la resurrección y la vida. Los que creen en mí vivirán, aun cuando mueran; y quienquiera que viva y crea en mí nunca morirá. Di- chosos nosotros por estar unidos como hermanos mientras nos alimentamos con el pan de vida eterna. R/ Señor, yo no soy dig- no…

Oración después de la Comunión

Oh Dios y Padre nuestro: Tú nos conoces y nos amas más allá de la muerte. Te damos gracias por habernos llamado a todos a vivir para siempre en tu amistad. Te damos gracias por la felicidad sin fin de los santos que viven en tu alegría. Te damos gracias por tu amor imperecedero y eterno hacia nosotros y hacia todos nuestros queridos difuntos. Acepta nuestra acción de gracias por me- dio de tu Hijo Resucitado, Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Seguimos bendiciendo la vida de cada día…

Hemos rogado hoy por todos los difuntos, conocidos o desconocidos, distantes o cercanos. Ha sido una ocasión para nosotros de profundizar nuestra fe en la resurrección prometida a los difuntos, y también a nosotros, peregrinos todavía en este mundo.

Creemos en Dios vivo que quiere que todos vivan en su alegría y amor. Que nuestro Dios, Dios de vivos, nos bendiga a todos, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y que esta bendición se prolongue por siempre. Amén.

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