“Hasta 7 veces 7. Y no es Blanca-nieves”. Charla sobre el perdón en la Catequesis Familiar. 

El viernes 2 de marzo, por la tarde, tuvo lugar la Catequesis Familiar de este mes para abordar el tema del perdón. Daniel Arnal y Ana Soler, del Centro de Orientación Familiar “Juan Pablo II” de Zaragoza, fueron los encargados de conducir este encuentro con las familias cuyos hijos cursan este año Primero de Comunión. Tras la sesión del viernes pasado, Daniel y Ana nos ha hecho este resumen de su aportación en la parroquia:

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“Hasta 7 veces 7. Y no es Blanca-nieves”. Charla sobre el perdón.

El perdón no es un “cuento infantil” como paso previo a la comunión, sino que además de ser una virtud de primer orden en las relaciones humanas es a su vez un mandato del propio Jesús. En el trato con los demás, en el trabajo, en las relaciones sociales, en la convivencia de todos los días, es prácticamente inevitable que se produzcan roces. Es también posible que alguien nos ofenda, que se porte con nosotros de manera poco noble, que nos perjudique. Y esto, quizá, de forma un tanto habitual. ¿Hasta siete veces he de perdonar? Es decir, ¿he de perdonar siempre? Esta es la cuestión que le propone Pedro al Señor. Conocemos la respuesta del Señor a Pedro, y a nosotros: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Es decir, siempre. Pero, ¿cómo? Intentaremos reflexionar sobre que es el perdón, la educación en el perdón a nuestros hijos, el perdón en el matrimonio, y finalmente qué nos enseña el Señor sobre el perdón.

¿Qué es el perdón? El perdón depende de quien recibe la ofensa y es un acto de la libertad y de la caridad. Perdonar es la máxima expresión de amor. El verbo latín per-donare lo expresa así: es dar abundantemente.

Características del Perdón:

a- Es una manifestación de amor (no de odio ni egoísmo):

b- Es una decisión, un acto libre (no un sentimiento, aunque esté unido a vivencias afectivas)

c- Es reaccionar ante un mal objetivo, no es no querer verlo, o disimularlo. El mal hecho debe ser reconocido y en lo posible, reparado. Trata de vencer el mal con abundancia de bien.

d- Es incondicional y gratuito: Es un don, siempre inmerecido y gratuito del amor.

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Cómo enseñar a los niños sobre el perdón:

Los padres perdonan con mucha facilidad las faltas de los hijos porque los quieren. Ciertamente los perdonan, pero en justicia, deben corregir al hijo. Si enseñamos a los hijos a pedir perdón, también debemos enseñarles a perdonar. “Las palabras mueven, los ejemplos arrastran”: los padres, su primer ejemplo. Sus hijos aprenderán a perdonar si ustedes, esposos, no permiten que se ponga el sol sobre su enojo, si les piden que se perdonen entre hermanos simplemente porque se quieren, si no se hacen de rogar ni piden condiciones cuando sus hijos piden su perdón, si ustedes mismos reconocen sus culpas y piden el perdón de sus hijos, si oran con sus hijos por las personas que les hacen daño.

Cómo vivir el perdón en el matrimonio:

No existen los matrimonios perfectos, exentos de padecer dificultades y situaciones de estrés. No es tarea fácil, pero con buena disposición, buena voluntad y perseverancia, los eventuales conflictos y dificultades podrán ser solucionados. Es necesario crear un ambiente familiar donde prevalezca la comunicación, el entendimiento y los acuerdos, donde se dejen atrás los resentimientos y se adopte, como un estandarte en la vida conyugal, el perdón recíproco.

En el matrimonio, el perdón siempre es recíproco. Todos cometemos errores y necesitamos que nos perdonen. Es un acto de fuerza interior, no de voluntad de poder. Es humilde y respetuoso con el otro. No quiere dominar o humillarle. El perdón es más para compartir que para conceder: debemos perdonar como pecadores que somos, no como justos.

A veces la exigencia del perdón llega al limite de nuestras fuerzas. Pero un cristiano no está nunca solo. Experimenta en si la alegría de ser perdonado. Dios siempre acepta nuestro arrepentimiento y nos invita a cambiar. Su gracia obra una profunda transformación en nosotros: nos libera del caos interior y sana las heridas.

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Qué nos enseña Jesús sobre el perdón

El poder del perdón proviene de un Dios perdonador. Cuando la primera pareja cayó en pecado y ofendió a su Creador, Dios tomó la iniciativa para subsanar la relación quebrantada. En un acto de amor y de gracia infinitos, se ofreció a sí mismo mediante su Hijo, Jesucristo, para pagar el precio de la ley transgredida.

El perdón está al centro de la religión cristiana, pero el perdón es la virtud cristiana más difícil de practicar, precisamente por su capacidad de hermanarnos con lo divino. Podríamos definir el perdón como el ejercicio humano de una virtud divina.

Jesús perdona siempre. Jesús dio la vida por todos, inclusive por sus enemigos. Nuestro perdón ha de ser sincero, de corazón, como Dios nos perdona a nosotros: Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores decimos cada día en el Padrenuestro.

¡Qué grande es la necesidad del perdón y reconciliación en nuestro mundo de hoy, en nuestras familias, en nuestro mismo corazón! Por esto el sacramento específico de la Iglesia para perdonar, el sacramento de la penitencia, es un don sumamente preciado. ¡Qué gran escuela de amor y de generosidad es la Confesión! ¡Cómo agranda el corazón para comprender los errores y defectos de los demás! Del confesionario debemos salir con capacidad de querer, con mas capacidad de perdonar.

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Presentación del COF

Es en el CENTRO DE ORIENTACIÓN FAMILIAR DIOCESANO (COF) donde se afrontan los problemas desde una visión global e integradora de la persona, el matrimonio y la familia, entendidos como un todo interrelacionado y en constante proceso de crecimiento. Personas católicas con experiencia seria de fe, actuando en equipo y especializadas en las distintas facetas del matrimonio y la familia -espiritualidad, moral, psiquiatría, psicología, ginecología, sexualidad, pedagogía, derecho, orientación familiar, trabajo social, etc.- podrán atender, en estos centros, los problemas para encontrar cauces de solución. Los profesionales voluntarios del COF somos personas de fe, que vivimos en el respeto a la doctrina de la Iglesia católica, y que valoramos la orientación familiar como una vocación y servicio.

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