«Como también nosotros perdonamos…» en la Catequesis Familiar de las familias de 2º de Comunión

Un nuevo encuentro con los padres y madres de los chavales de los cursos de 2º Comunión A y B. Y en este viernes, 9 de marzo y coincidiendo con la “Jornada 24 horas para el Señor” en la Parroquia, hemos profundizado en el tema del Perdón, como sacramento.

Jotabé, uno de los sacerdotes de la Parroquia, fue el encargado de conducir este tema, junto a Beatriz Murillo y Manolo Royo, responsables de la catequesis familiar de la parroquia.

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Un encuentro sencillo, familiar para caer en la cuenta de que “el perdón” es un hecho de vida. Y también todos los sacramentos, son un signo de la presencia de Dios en los momentos más importantes de nuestra vida.

En concreto, el sacramento del perdón, o la confesión, o el acto religioso de la reconciliación es como “un espejo” donde “yo pecador” (penitente) puedo revisar mi propia existencia y tomar así las riendas de mi vida, que se revela como una peregrinación hacia el encuentro definitivo.

Afirmamos también que  el pecado está, existe. El pecador soy yo. Y yo soy el pecador perdonado. El sacramento está para tomar conciencia de esta separación o distancia entre el proyecto de Dios y mi realidad concreta, la de el / mi mundo y la mía propia.

Después visionamos el siguiente video:

Y reflexionamos en silencio la siguiente Palabra de Dios para cada uno de nosotros (Lc 15, 17-22):

Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre.  Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.  Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.  Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.  Pero el padre dijo “..”

Seguidamente invitamos a los asistentes a “rezar ante Jesús, quien es fuente y de donde procede todo perdón”. Aprovechando esa jornada especial de 24 horas para el Señor,  a los padres se les facilitó una oración (a modo de examen de conciencia) para que tuviesen un largo rato de oración en la Iglesia y, quien quisiera, poder acercarse hasta el sacerdote y confesarse.

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No quiero vivir…

  …despreocupado de mis obligaciones, trabajos, de mis responsabilidades, aunque sepa que me los tengo que tomar más en serio.

-… dejándome llevar por la pereza, lo más cómodo, le mínimo esfuerzo.

–  …tomando la sexualidad sólo como un placer fácil, en mi cuerpo o en mis pensamientos, en mis conversaciones chabacanas, en mi debilidad.

–  …dando de lado a mis padres, o a mi pareja, o a mis hijos sin preocuparme por comprenderles e incluso por ayudarles en algunos momentos.

–  … como una persona agresiva, dejándome llevar por el mal genio, el orgullo, el odio, la cerrazón de mis ideas, la profesionalidad de mi vida.

–  … negando el perdón a las personas que me rodean por muy mal que se hayan portado conmigo.

–  … haciendo sufrir a los que tengo a mi lado con el fin de vivir mi vida más a tope, a mi estilo, desde mi espacio personal.

–  … utilizando a los amigos y las personas que tengo a mi lado.

–  … hablando continuamente mal de los otros, criticándoles a sus espaldas.

–  … siendo centro de discordia y de división entre las personas con las que me encuentro, en la familia, en el trabajo, con las amistades.

–  … pesando sólo en mí, en lo que me gusta, aunque para ello tenga que dejar de respetar tanto a los demás como a sus cosas.

–  … una vida egoísta en donde todo lo quiero para mí, pero no quiero compartir nada.

–  … como un esclavo, dejándome manipular por los demás, dejando de ser yo mismo, aunque para eso tenga que hacer cosas que creo que no están bien, esclavo de mis deseos, pretensiones, de mi vida on-line.

–  … alejado de Dios, descontento con mi vida, descontento conmigo mismo, y sintiéndome indiferente ante la mirada de Dios, ante su amor.

–  … alejado de la celebración de mi fe, sin celebrar la eucaristía que es el lugar donde Jesús se hace presente de una forma especial, sin rezar, sin….

–  … sin contar con Dios a la hora de vivir mi vida, sin pensar en lo que espera de mí, sin dejar que sea Él quien la dirija y gobierne.

-… centrado en mí mismo, en mi mundo, sin pensar en los demás, en mi espacio personal, en mi libre albedrío.

–  … teniendo un trato áspero y poco delicado con las personas que me rodean o con que convivo cada día, pareja, familia, compañeros, hijos, amistades.

–  … indiferente a tu perdón, a tu amor, a tu misericordia y a tu deseo de vernos siempre a tu lado, seguro que… ¿tú eres mi Dios? ¿Y yo tu hijo/a?

–  … indiferente a las necesidades tanto de las personas cercanas que me rodean, como de esas otras necesitadas de alimentos, medicinas y un trato más humano, indiferente ante los pobres y desgraciados, los ancianos y enfermos, ¿incluso entre los de mi misma sangre?

–  … desde el disfrute de lo diario, gastando más y más con tal de satisfacer todos los gustos que tengo.

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